Marc, Minella y yo

Minella (ya sea como señora de la limpieza, como se ve aquí en la foto, como femme fatale o como trágica estrella de cine) conquistó en un instante el corazón de la gente de Heisingen. Fue como un concierto pop, solo que faltaban los adolescentes chillando y la gente que agita encendedores en la oscuridad; y al final tampoco me animé a hacer stage diving. Dicho sea de paso, en el jazz eso tampoco es muy habitual… El público, de lo más participativo, cantó a todo pulmón, gritó comentarios, se rió, se asombró y después salió de la sala bailando. Marc, “el hombre del sombrero”, fue para mí un acompañante maravillosamente dinámico tras las huellas de Minella Milestone. Y esta última sonreía con dulzura desde una nubecita en el cielo y quizás pensaba de vez en cuando: “Qué par de bromistas, esos dos de ahí abajo…” Así que ahora puedo decir: en Heisingen la gente no se acuesta con las gallinas; ahí todos son unos pícaros y saben celebrar en grande. ¡Fue un placer!